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domingo, 25 de diciembre de 2011

ande, ande, ande

que es la nochebuena. Fuimos a cenar con mis padres temiéndonos lo peor, porque en casa, a partir de las 9, es momento de relax, a la espera de que al monito le entre el sueño.

El día de nochebuena llegamos de visita sobre las 7 de la tarde, pero nos tocó darnos un paseo, en el que el monito se echó una siesta de una hora. Volvimos a casa de mis padres y le entretuvimos con un par de galletas y un trozo de pan. Eran casi las 10 de la noche y no habíamos empezado a cenar. El monito pidió teta y yo pensé que ya no cenaba. Pero nos sorprendió.

Comió un poquillo y le dejé en una mantita en el suelo. Se pasó toda la cena jugando, pegando grititos, cogiendo juguetes, dando patadas en el suelo, rodando sobre sí mismo, mirándonos y riéndose.

Pudimos cenar tranquilamente y luego brindar, el pobre monito aguantó jugando, no se puso pesado, ni lloriquó, ni parecía estar incómodo.
Eso sí, cuando algo más tarde de las 11 nos fuimos a casa, tardó poquísimo en dormirse.

A ver qué tal en Nochevieja, ¿llegaremos a las uvas?

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